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6 sept. 2015

El marketing editorial de la denuncia


Humildes estafados, progres engañados, trampas y corrupción. La década robada, datos y hechos en los años de la grieta. Todo lo que perdimos en la década ganada. Crónica de doce años de groserías, descaros y maltratos kirchneristas. Y la lista sigue. Estas son algunas de las bajadas que aparecen en las tapas de libros de investigación periodística publicados en los últimos años (hay muchos y para todos los gustos), parte de una avanzada de propaganda opositora que encuentra un canal natural de difusión en la agresiva política de ediciones de “actualidad” que tienen, sobre todo, los dos grandes conglomerados editoriales globales que dominan el mercado: Planeta y Random House Mondadori (aunque muchos todavía la llamen Sudamericana). La sucesión de títulos se potenció este año electoral. Basta con pararse en la vidriera de una librería o recorrer con la vista las mesas de novedades para comprobarlo. Debajo de la superficie del marketing de la “indignación” con que se los promueve, y las firmas de varios de los más notorios periodistas de los aparatos mediáticos opositores que sirve como imán, hay poco rigor, mucho impacto vacío y, por supuesto, una razón comercial. Aunque no siempre sean bestseller, forman parte de un carrousel editorial que no se detiene. Y gotean su relato de ese “otro lado” del poder de turno.

Por qué vendemos

Según el director editorial de Planeta, Ignacio Iraola, responsable editorial de varias de esas publicaciones, la vuelta del fenómeno de los bestseller de denuncia que fueron furor en los ’90 con el menemismo, recomenzó en 2009 con El Dueño, de Luis Majul, un libro de más de 500 páginas en el que el periodista se propuso develar, según anuncia su portada, “la historia secreta de Néstor Kirchner, el hombre que maneja los negocios públicos y privados de la Argentina”. Así presentado y potenciado por el alto perfil “denuncista” de Majul, vendió más de 200 mil ejemplares. Después de su éxito editorial, Majul fundó su propio sello editorial, Margen Izquierdo, distribuido por Planeta, que publica básicamente libros anti K y tiene en su catálogo títulos como Guarangadas K, de Diego Bigongiari; Converso, de Pablo Sirvén (sobre Víctor Hugo Morales), y La Dueña, de Nicolás y Miguel Wiñazki (ver entrevista más abajo), entre otros.

Este año, Planeta publicó entre veinte y treinta títulos de investigaciones periodísticas de corte político, erupción que tiene que ver más que nada con el año electoral. De ellos, hay mayoría en contra de este modelo. Dice Iraola: “Son libros para un público de cuarenta años para arriba, lector de diarios. No quiero generalizar, pero yo creo que son lectores que buscan el regodeo y la confirmación de lo que piensan. Otros quieren informarse o les gusta leer libros políticos, pero buscan la constatación de lo que piensan, tienen morbo, mirá lo que hace este hijo de puta”. Para Paula Pérez Alonso, editora de la casa, “los libros a favor del kirchnerismo venden menos porque los kirchneristas no necesitan más información para ser convencidos y los anti k no los compran. En cambio, los anti venden más porque la oposición tiene el anhelo y el proyecto de desbancarlos y toda esa información es un alimento para esa idea”. La mayoría de los libros de investigación periodística de Planeta fueron publicados dentro de la colección Espejo de la Argentina, que armó el escritor Juan Forn cuando fue director editorial, a fines de los ’80. “Espejo de la Argentina fue la colección emblemática del grupo en nuestro país, sigue siendo una especie de columna vertebral que permite guardar en la memoria y en la biblioteca aquellos casos que son periodísticamente olvidados por el impacto”, dice Alberto Díaz, editor histórico de Planeta. El otro gigante del negocio editorial, Random House Mondadori, también publica investigaciones periodísticas controversiales. El último de la serie, publicado recién, es Doble agente (ver más abajo), de Gabriel Levinas, que vincula al periodista Horacio Verbitsky con la dictadura, entre otras denuncias por el estilo sobre lo que el columnista de Página/12, según Levinas, oculta de su pasado. Contactados por Miradas al Sur, ni los responsables de prensa ni los editores y tampoco el director editorial de la filial local de la compañía británica, Juan Ignacio Boido (apuntado directamente por Verbitsky como responsable de una “operación” en su contra), respondieron sobre el tema.

En el frente de batalla

Ahora bien, ¿cómo se explica que dentro de un mismo sello editorial haya libros y autores que representen ideologías distintas? Responde Iraola: “Creo que dentro de esta dicotomía, las editoriales como Planeta son el último refugio pluralista. Acá conviven Ricardo Forster, José Pablo Feinmann, Luis Majul y Jorge Lanata. Me parece que, hoy, las editoriales son un resquicio de libertad para publicar todo, tire para el lado que tire. Si una editorial tiene que tomar una postura política en democracia es publicar para la gente. Distinto es en tiempos de dictadura. Hoy, los libros políticos volvieron a estar al frente. Así como una editorial no puede tomar partido político, hay libros con temáticas que atraen más”.

Hay otro lugar donde conviven personajes que casi nadie podría imaginarse compartiendo una mesa. Aparecen en los agradecimientos de La Piñata, la investigación periodística más vendida de las últimas semanas, el cuarto libro publicado por el periodista de La Nación Hugo Alconada Mon. Allí, Alfredo Leuco, Luis Majul y Jorge Lanata comparten espacio con Horacio Verbistky, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner –según el autor, al menos una vez defendió su labor en la Quinta de Olivos– y el ex presidente Néstor Kirchner, a quien le agradece “aquella inolvidable charla en Nueva York”. La primera edición fue de 7 mil ejemplares y en tres semanas, reimprimieron tres veces, alcanzando los 25 mil libros en veinte días.

Otras miradas

Alconada Mon es prosecretario de redacción de La Nación y fanático de los libros de investigación periodística desde que leía a Verbitsky en Página/12. Estudió Derecho, profesión que ejerció hasta que pudo vivir del periodismo. Publicó Los secretos de la valija (2009), Las coimas del gigante alemán (2011) y Boudou, Ciccone y la máquina de hacer billetes (2013). Y cuenta que La Piñata fue una idea de Iraola que le propuso escribir un libro que funcionara como cierre del kirchnerismo este año. “Para mí un libro-balance era inabarcable, entonces Nacho (Iraola) me dijo, pensalo como si fuera un diccionario. ‘¿En la A qué pondrías? Aerolíneas. ¿En la B?, Báez. ¿En la C?, Ciccone. Listo, ya tenés tres letras, seguí por el resto’. Y entonces ahí nos metimos en el proyecto en el que cada capítulo es una letra del abecedario de un tema o jugador paradigmático del kirchenrismo que sirve para hablar de un organismo de control. A medida que avanzamos nos dimos cuenta de que había algo más de fondo que excede al kirchnerismo y es un sistema”.

Si bien su libro se vende claramente como anti K (la bajada del título que aparece en la tapa dice “el ABC de la corrupción, de la burguesía nacional kirchnerista y del capitalismo de amigos”), él se defiende y pide que no lo tilden de antikirchnerista. “Para mí, los primeros dos años de Néstor Kirchner fueron los mejores del retorno de la democracia junto con los tres primeros de Alfonsín”, afirma. Y agrega: “Yo juego limpio. No sorprendo. No soy amigo de nadie. No genero confusiones. Mis fuentes no son amigos. No acepto cenas, ni viajes, ni regalos empresariales y a la larga termino siendo, por lo menos, tolerado. Mi objetivo es claro: la información”.

En paralelo, hay otro libro que aparece ajeno a la oleada de denuncia barata que la mayoría utilizan como principal anzuelo para los lectores. Se titula Mundo PRO y surgió a partir de un trabajo de investigación de cinco años que llevaron a cabo el sociólogo Gabriel Vommaro y el politólogo Sergio Morresi. “No es una libro de investigación periodística, sino un libro de divulgación académica o un libro académico para el gran público. No hay ninguna denuncia, ni mostramos a Mauricio Macri robando plata, ni cosas de ese estilo. No devela nada. O sí: que el macrismo no es sólo Macri y es mucho más complejo”, dice Vommaro.

No todo es investigación. Al menos para el periodista y poeta rosarino Reynaldo Sietecase, autor de Kamikazes (2012), un ensayo periodístico de 360 páginas sobre la década de los Kirchner, 2003-2013, y conductor del ciclo radial Guetap. Su respuesta-reflexión sobre el tema abre una puerta a otro tipo de pensamiento. “Hace años que no leo libros periodísticos. Es una decisión que sólo tiene que ver con la necesidad y el tiempo. ¿Cuántos libros podré leer todavía? ¿Serán cien, mil, dos mil? La vida, aunque bella, es demasiado corta. Prefiero usar mi tiempo en leer poesía, cuentos y novelas. Para la realidad ya tengo suficiente con los diarios que leo cada mañana antes de ir a la radio”, responde contundente.


Polémica | El libro contra Verbitsky que genera ruido

En la tapa se asegura que es una biografía “inesperada”. No parece. Doble agente, el libro de Gabriel Levinas, generó bastante ruido antes de su aparición. En buena parte, gracias a la respuesta que el protagonista de esta historia, el propio Verbitsky, impulsó, firmó y editó en las primeras 5 páginas de la edición del diario Página/12 del pasado domingo 16 de agosto, bajo el llamativo título “La operación contra Verbitsky”. Allí escribió, en el cuerpo central de la que suele ser su nota de cada domingo: “El libro es una iniciativa del director de la casa editora Penguin Random House, Juan Ignacio Boido, quien sin producir un solo bestseller nacional desde que lo contrataron, ha bajado sus estándares éticos. Como algunos autores de mejor nivel no se prestaron, recurrió al crítico de Gran Hermano Gabriel Isaías Levinas, GIL, un marchand de arte a quien la familia de León Ferrari acusa de no haber devuelto obras que le entregaron para ser exhibidas en Francia. Columnista de los infotainers Jorge Lanata y Alejandro Fantino, GIL acumuló un camión repleto de basura en mi contra desde una página comercial con un nombre equívoco que pretende confundirse con las Madres de Plaza de Mayo”. El contraataque que Levinas llevó adelante en sus variados canales de difusión reverdeció esta semana en el sitio web Infobae. Allí la periodista Silvia Mercado (que también tiene cuentas pendientes con Verbitsky), afirma que el libro de Levinas es “uno de los mejores de la historia de la investigación periodística argentina”.

ENTREVISTA | Nicolás Wiñazki: “No escribo con saña, son hechos”, dice el investigador estrella del Grupo Clarín

Los primeros contactos que el periodista Nicolás Wiñazki recuerda haber tenido con Cristina Fernández de Kirchner fueron cuando ella era diputada y él, con 20 años, escribía “color político” en la revista Noticias. Una década después junto a su padre, el filósofo Miguel Wiñazki, escribió un libro sobre la Presidenta. Además, a diario en Radio Mitre y el diario Clarín, y los domingos en el show Periodismo para todos, lidera con sus investigaciones y comentarios la avanzada opositora del Grupo Clarín. Como tal, emergió en estos años como una estrella del periodismo denunciante. “No escribo con saña, son hechos”, se ataja.

– ¿Por qué escribió La Dueña?

– Al principio era un libro que estaba haciendo mi viejo con Luis Majul. Era una cosa reflexiva sobre Cristina, y lo terminamos escribiendo los dos. Es una mezcla entre su biografía y la relación con sus hijos, y una radiografía de varios casos de corrupción que investigué como Ciccone, la ruta del dinero, su relación con Lázaro Báez.

– ¿Es un libro anti K?

– Yo no me siento a escribir un libro anti K. No me pongo a escribir con saña. Para mí son hechos. ¿Es anti K decir que Manzur creó un sistema para esconder la cifra de cuántos bebés mueren por desnutrición? No, es un hecho. Y, como siempre, hice lo que hice en cada caso, lo llamé para tener su versión de los hechos y no contestó. ¿Sabe las veces que pasó ver a funcionarios que en público decían algo y en privado todo lo contrario? Hay ministros muy importantes del Gobierno que conozco muchísimo de antes y durante el Gobierno que piensan muy distinto de lo que dicen en público, muy distinto.

– ¿Qué le resultó más difícil al escribirlo?

– Es muy difícil meterse en la mente de una persona. Y Cristina, sobre todo, tiene una psicología muy compleja. Es impresionante escucharla hablar diciendo lo que dice sabiendo las cosas que sabemos muy pocos. Son como dos personajes. Y después es muy impactante la muerte de Néstor y cómo empieza a gobernar sola.

– ¿Cómo cree que fue recibido el libro?

– Las repercusiones fueron muy buenas. Estuvo primero en venta por varias semanas y las críticas fueron también muy buenas. Estuvimos varios meses escribiéndolo y fue un poco caótico porque tanto mi viejo como yo lo somos, pero nos dio mucha alegría. Además de la hermosa posibilidad de poder escribirlo juntos, me llevo muy bien con él.

– ¿Le parecen agresivos algunos títulos de libros identificados como anti K?


– Para mí que Capitanich, en lugar de hablar de la pobreza, rompa un diario y diga que no existe, es una guarangada. Que el Gobierno diga hace años que no existe la inseguridad también lo es. Eso me parece agresivo.

OPINIÓN | Juan José Becerra. Escritor: Lo que el artefacto libro no puede impedir

El éxito comercial de los libros de actualidad política obedece a la misma lógica del prime time televisivo y el cine corporativo de Los Ángeles: la del populismo de mercado. Es lo que no puede fallar, aunque a veces falle.

Pero hay libros y libros. El instant book, por ejemplo, tiene un modo inmediato de operar sobre el discurso público, interviene sobre lo que se está hablando (sobre lo que todavía no se dejó de hablar) y se presenta de manera expeditiva como bombero en un incendio, cuando no como incendiario en una estación de servicio.

En la Argentina hay incluso un subgénero de instant books políticos, que son los libros de destrucción. Se los escribe para “matar” a alguien. Juicio y castigo, de Alfredo Leuco, es un caso extremo de este tipo de objetos. Son textos viejos escritos para la radio en el registro subliterario y sobreindignado de un Marcos Aguinis malo, si cupiera la posibilidad de lograr esa proeza.

Pero más que una acumulación de archivos –que lo es de un modo que no parece aspirar a la piedad de la selección antológica–, ese libro es básicamente una tapa, donde se la ve a Cristina enredada en los subtítulos XXX: El autoritarismo K. La fractura social expuesta que resucitó el odio. Megacorrupción de Estado y profanación de los Derechos Humanos.

Pero también hay libros de actualidad política muy serios: Código Stiusso, de Gerardo Young; Massa, de Diego Genoud; Mundo PRO, de Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti. Con lo que el problema no está en el tipo de libros ni en si son favorables o desfavorables al Gobierno, sino en quiénes y cómo los escriben. Porque hay algo que el artefacto libro no puede impedir y es que, en nombre del prestigio cada vez más diluido de su tradición, se convierta en el Caballo de Troya de las vanidades galopantes.